La niña le gustaba jugar baloncesto y siempre estaba detrás de la capitana de equipo, pidiendo que le dejará formar parte del equipo, hasta que, por fin, se convirtio en suplente de baloncesto.
Ella estaba emocionada, siempre en el banquillo y la niña esperaba la oportunidad anhelada de jugar.
El día menos esperado, le dijo la capitana que ingresará al juego, fue tanto, el nerviosismo que hasta confundió los arcos, salió corriendo y escucho a lo profundo una voz que decía: ¿qué estás haciendo?, la pelota reboto y no hubo más juego de baloncesto.
Hoy la niña comprende que se requiere más que el deseo, que la responsabilidad es grande, que el suplente es una persona estratégica en el equipo y que su trabajo da dinamismo, flexibilidad y apoyo.