La niña tenia un gato en casa y lo consentía harto; por ello, cuando el gato murió su sentimiento de dolor fue profundo.
Se llevo el gatito muerto para el patio de su casa, lloraba desconsoladamente, lo miraba con mucha tristeza y pedía a Dios, que se llevará el gatito para el cielo.
Su padre dejo que llorará, que orará, que le pusiera la santa cruz en su cuerpo; más tarde, lo recibió en silencio, comprendió el dolor y se el gatito fue enterrado.