La niña llegaba a la casa de la vecina y ayudaba a realizar los quehaceres de la casa; su madre se quedaba admirada porque ella no era igual de juiciosa en casa.
La niña se sentía a gusto en la casa de la vecina y cuando la mamá llegaba del trabajo, debía ir a recogerla allí.
La niña ya es adulta y agradece el entorno familiar que le fue brindado en esa casa, la atención que le brindaron, la seguridad de la compañía que le ofrecieron y las reglas del compartir que tuvo allí.