Gladys era la propietaria del salón de belleza. Mujer de carácter fuerte y muy carismática; ante de ser estilista fue enfermera y eso contribuyó a su gran capacidad de apoyar a los demás.
Su salón era un sitio de encuentro; especialmente los fines de semana, pareciera que se daban cita para tertulias; sin embargo, al salir del lugar, se sentía que había convergencia de posición, emociones de alegría, sentimiento de descanso y de ser cada vez mejor.
El Salón de belleza de Gladys fue un sitio de aprendizaje para chicas, momentos de compartir para otros, sitio de reflexión, espacio de escucha sin Juzgar, ambiente de celebraciones y también de lágrimas, entre otros.
El salón de belleza de Gladys, no solo brindaba amabilidad y belleza, también brindaba la calidez, que, hacia un retorno de empatía, de transformación y de apoyo.
Hoy solo hay gratitud con Gladys, porque a través de los años, también se puede decir que construimos amistad.